La Subida al Pico Veleta vuelve a llevar el atletismo granadino hasta el cielo

La histórica carrera ha celebrado este domingo su 42ª edición con un recorrido de 50 kilómetros entre el Paseo del Salón y los aledaños del Veleta, más de 2.700 metros de desnivel positivo y una llegada situada por encima de los 3.300 metros de altitud

SUBIDA AL PICO VELETA
Dia 9 de Agosto
Sierra Nevada
Granada
Andalucia
España

Granada ha vuelto a mirar hacia las cumbres de Sierra Nevada con la celebración, este domingo 9 de agosto, de la 42ª Subida Internacional al Pico Veleta. La histórica prueba ha reunido a corredores dispuestos a completar uno de los desafíos más duros y singulares del calendario español: enlazar el centro de la capital granadina con los aledaños del Veleta después de aproximadamente 50 kilómetros de esfuerzo y más de 2.700 metros de ascensión.

Desde las primeras horas de la mañana, el Paseo del Salón ha recuperado el ambiente propio de las grandes ocasiones deportivas. Nervios, últimos preparativos, conversaciones entre corredores y revisiones del material han marcado los minutos anteriores a una salida que se ha producido a las 7.00 horas desde el templete. A esa hora, la ciudad todavía despertaba mientras los participantes comenzaban su largo viaje hacia las cotas más altas de Sierra Nevada.

Por delante tenían un recorrido tan bello como implacable. La Subida al Pico Veleta no permite esconderse. Su trazado no ofrece descensos en los que recuperar de manera significativa ni largos tramos favorables para relajar las piernas. Después de una primera parte de falso llano, la carretera se eleva de forma prácticamente continua hasta conducir a los corredores a un escenario de alta montaña, donde el desnivel acumulado, el cansancio y la falta de oxígeno convierten cada paso en una conquista.

La prueba ha vuelto a unir dos mundos completamente diferentes. En apenas unas horas, los participantes han pasado del paisaje urbano de Granada y las localidades de la Vega a la carretera de montaña, los pinares de Sierra Nevada y, finalmente, el territorio rocoso y desnudo de las cumbres. Esa transformación del paisaje constituye una de las señas de identidad de una carrera difícil de comparar con cualquier otra.

La 42ª Subida Internacional al Pico Veleta también ha dejado una amplia colección de imágenes de esfuerzo, emoción y alta montaña. Nuestro equipo fotográfico ha seguido el desarrollo de la prueba para recoger algunos de sus momentos más destacados, desde la salida de los corredores hasta su avance por las carreteras de Sierra Nevada.

Los medios y clientes suscritos pueden consultar y descargar la selección completa en nuestra galería fotográfica de la Subida al Pico Veleta.

Un recorrido que no concede tregua

Tras abandonar el Paseo del Salón, los corredores han tomado la avenida de la Carretera de la Sierra en dirección a Cenes de la Vega y Pinos Genil. Los primeros kilómetros, aunque ascendentes, han permitido avanzar a ritmos relativamente sostenidos. Sin embargo, esa sensación inicial de control forma parte de la dificultad táctica de la prueba.

Salir demasiado rápido puede pagarse varias horas después, cuando el corredor se encuentra por encima de los 2.000 metros de altitud y todavía tiene por delante la parte más exigente del recorrido. Empezar con excesiva prudencia, en cambio, puede comprometer los tiempos establecidos en los diferentes controles de paso. La Subida al Veleta exige, por tanto, una administración milimétrica de las fuerzas.

Después de aproximadamente diez kilómetros, el perfil ha comenzado a mostrar su verdadera naturaleza. Desde ese punto restaban cerca de 40 kilómetros de ascensión casi continua, interrumpida únicamente por algunos pequeños falsos llanos situados alrededor de los kilómetros 17, 21, 22 y 30.

El paso por Pinos Genil ha conducido a los atletas hacia las primeras rampas realmente prolongadas. A medida que la carrera se alejaba de la ciudad, la carretera comenzaba a seleccionar a los participantes. En una prueba de estas características, la clasificación importa, pero la principal batalla se libra contra el propio cuerpo, el paso de las horas y una pendiente que parece no terminar nunca.

Uno de los puntos fundamentales de la carrera se ha situado en el Centro de Visitantes El Dornajo, aproximadamente en el kilómetro 25. Además de representar el ecuador de la modalidad individual, El Dornajo ha acogido el cambio de corredor en la competición por relevos.

Desde allí, los participantes han continuado por la antigua carretera de Las Sabinas, una vía estrechamente vinculada a la historia deportiva de Sierra Nevada. El recorrido ha seguido ganando altura hasta alcanzar la Hoya de la Mora, situada en torno al kilómetro 38. Para muchos corredores, ese punto representa el comienzo de una carrera completamente diferente.

Los últimos kilómetros, una prueba dentro de la prueba

Si llegar a la Hoya de la Mora ya supone haber superado una distancia y un desnivel considerables, los aproximadamente once kilómetros finales concentran buena parte de la dureza que ha dado fama internacional a la Subida al Pico Veleta.

La vegetación desaparece, el paisaje se abre y la carretera queda completamente expuesta. El aire contiene menos oxígeno y el cansancio acumulado reduce la capacidad de mantener el ritmo. Lo que en la ciudad sería una pendiente asumible puede convertirse, por encima de los 2.500 o 3.000 metros, en un muro físico y mental.

En esa parte de la prueba, correr deja de ser un gesto automático. Cada zancada exige concentración. El corredor debe controlar la respiración, mantener la hidratación, seguir alimentándose y encontrar la motivación necesaria para continuar cuando el Veleta parece estar cerca, pero la carretera todavía dibuja nuevas curvas sobre la montaña.

La altitud añade una dificultad que no puede reproducirse fácilmente durante los entrenamientos habituales. La sensación de fatiga aumenta, el ritmo desciende y cualquier pequeño esfuerzo se multiplica. Por eso, en la Subida al Veleta, el cronómetro nunca cuenta toda la historia. Dos atletas pueden llegar separados por muchos minutos y haber protagonizado, cada uno a su manera, actuaciones igualmente extraordinarias.

Algunos participantes han perseguido las primeras posiciones; otros se han marcado como objetivo superar los controles horarios; y muchos han afrontado la jornada con la única intención de alcanzar la meta. Todos, sin embargo, han compartido el mismo escenario y una experiencia reservada a quienes aceptan medirse con una de las carreteras más exigentes de Europa.

Tres modalidades y un mismo destino

La 42ª edición se ha desarrollado en tres modalidades: la Subida Individual de 50 kilómetros, la competición por relevos de 25 más 25 kilómetros y la Minisubida, con una distancia aproximada de 10,8 kilómetros.

La carrera por relevos ha permitido compartir el desafío entre equipos formados por dos atletas. El primer integrante ha realizado el trayecto desde el Paseo del Salón hasta El Dornajo, donde ha entregado el testigo a su compañero. El segundo corredor ha afrontado la mitad más montañosa del itinerario, desde el kilómetro 25 hasta la meta.

Aunque cada relevista completa aproximadamente la mitad de la distancia total, las dos partes plantean dificultades muy diferentes. El primer tramo combina la salida urbana, el falso llano inicial y el comienzo de la gran ascensión. El segundo concentra la altitud, las rampas superiores y el desgaste provocado por un terreno que se vuelve más severo conforme se acerca al Veleta.

La Minisubida ha comenzado a las 10.00 horas desde la barrera de la Hoya de la Mora. Sus participantes han recorrido los últimos 10,8 kilómetros, con cerca de 890 metros de desnivel positivo. La distancia es mucho menor que la de la prueba principal, pero el recorrido reúne algunos de los tramos más duros de toda la jornada.

Esta modalidad ha permitido vivir la esencia de la carrera en un formato más reducido. La Minisubida parte ya en un ambiente de alta montaña, asciende por la carretera del Parque Nacional y termina igualmente en los aledaños del Veleta. Es una carrera explosiva para quienes compiten por la victoria y una dura experiencia de resistencia para quienes buscan completar el recorrido.

Una carrera marcada por los tiempos de corte

La exigencia de la Subida al Veleta también queda reflejada en sus controles horarios. Los participantes de la modalidad individual debían alcanzar el kilómetro 10 en un máximo de una hora y veinte minutos. El segundo corte, establecido alrededor del kilómetro 18, fijaba un tiempo máximo de dos horas y treinta y tres minutos.

El paso por El Dornajo, en el kilómetro 25, debía completarse antes de las tres horas y cuarenta y cinco minutos. Posteriormente, los corredores tenían que llegar al kilómetro 32,7 en menos de cinco horas y diez minutos y superar la Hoya de la Mora antes de las seis horas y veinte minutos.

El tiempo máximo para completar los 50 kilómetros se había establecido en ocho horas y treinta minutos, con el cierre de la meta previsto para las 15.30 horas. Estos límites responden tanto a criterios deportivos como de seguridad, debido a la complejidad de mantener durante muchas horas un dispositivo de asistencia en un espacio de alta montaña.

Los controles han obligado a los participantes a sostener un ritmo mínimo incluso en los momentos de mayor cansancio. En otras pruebas, caminar durante un tramo largo puede formar parte de la estrategia. En el Veleta, perder demasiado tiempo en los kilómetros intermedios puede impedir alcanzar el siguiente punto dentro del horario establecido.

Una transición entre el verano y la alta montaña

Otra de las particularidades de esta carrera es la diversidad de condiciones a las que pueden enfrentarse los deportistas en una misma jornada. El recorrido empieza en Granada en pleno verano, pero termina a una altitud donde el ambiente puede resultar completamente distinto al de la ciudad.

En la primera parte, el corredor debe vigilar la hidratación, la protección solar y el desgaste provocado por el calor. Conforme avanza hacia Sierra Nevada, las condiciones cambian. La temperatura puede descender, aumenta la exposición al viento y la meteorología puede variar en muy poco tiempo.

La organización había recomendado portar gafas de sol, crema de alta protección, gorra, sales minerales, teléfono móvil, material básico para pequeñas heridas y una chaqueta cortavientos. En función de la previsión, también podía ser necesaria ropa de abrigo o protección contra la lluvia.

El vaso plegable o recipiente reutilizable figuraba entre el material obligatorio, ya que los avituallamientos no entregaban vasos. Esta medida buscaba disminuir la producción de residuos y garantizar el respeto a un entorno natural especialmente protegido.

El reglamento establecía la descalificación para quienes arrojasen botellas, envoltorios u otros objetos fuera de los espacios habilitados. También obligaba a los atletas a respetar el itinerario, llevar el dorsal visible, atender las indicaciones de la organización y auxiliar a cualquier participante que se encontrase en dificultades.

Cuatro décadas de historia

La edición celebrada este domingo ha añadido un nuevo capítulo a una historia que comenzó en la década de los ochenta. La primera referencia periodística conocida sobre la intención de subir corriendo desde Granada hasta Sierra Nevada data de marzo de 1983. Su protagonista fue Enrique Carmona, atleta de Maracena estrechamente ligado al nacimiento y la conservación de esta aventura deportiva.

El origen de la prueba se sitúa en el verano de 1985, cuando José Miguel Marfil, Manuel Vázquez, José Martínez y Francisco Fernández decidieron salir desde el Paseo del Salón para intentar alcanzar corriendo las cumbres de Sierra Nevada. Aquella iniciativa tenía mucho de aventura personal y muy poco de lo que hoy se entiende como una competición organizada.

Sin embargo, el reto fue creciendo. Lo que comenzó como una idea aparentemente desmesurada terminó convirtiéndose en una cita estable del calendario. La carretera, la montaña y el desnivel permanecieron como elementos centrales, mientras la organización incorporaba controles, avituallamientos, categorías, dispositivos médicos y modalidades adaptadas a diferentes tipos de participantes.

Cuarenta y dos ediciones después, la carrera conserva la misma esencia. El punto de partida sigue estando en el Paseo del Salón y el objetivo continúa siendo alcanzar el Veleta. Han cambiado los materiales, los métodos de entrenamiento y la preparación de los deportistas, pero el desafío fundamental sigue siendo idéntico: recorrer a pie la enorme distancia vertical que separa Granada de las cumbres.

El valor de alcanzar la meta

En cualquier carrera existe una clasificación, pero en la Subida al Pico Veleta el significado de la meta va mucho más allá de un puesto o de un tiempo. Completar el recorrido supone vencer momentos de duda, superar el cansancio y mantener la voluntad durante varias horas de ascensión.

La llegada ofrece una mezcla difícil de reproducir en otra competición. El agotamiento convive con la emoción de haber alcanzado uno de los puntos más elevados de Sierra Nevada después de comenzar la jornada en el centro de Granada. Cada finalista recibe una medalla, pero el verdadero premio es haber completado una travesía deportiva que cruza paisajes, altitudes y condiciones ambientales muy diferentes.

También resulta fundamental el trabajo de voluntarios, personal sanitario, cuerpos de seguridad, responsables de los avituallamientos y miembros de la organización. La celebración de una carrera de estas características requiere desplegar medios desde la ciudad hasta la alta montaña, controlar el paso de los participantes y garantizar su evacuación o traslado en caso de abandono.

La jornada ha concluido con la entrega de premios en la Plaza de Andalucía de Pradollano y con el regreso progresivo de los participantes desde la zona de meta. Allí han terminado muchas historias diferentes: las de quienes aspiraban al podio, las de quienes buscaban mejorar una marca anterior, las de los debutantes y las de los corredores que simplemente querían comprobar si eran capaces de llegar.

La 42ª Subida Internacional al Pico Veleta ha vuelto a demostrar por qué ocupa un lugar especial dentro del deporte granadino. No es solamente una carrera de 50 kilómetros ni una ascensión de más de 2.700 metros. Es un viaje desde la ciudad hasta la alta montaña, una prueba contra el desnivel y una tradición que ha sobrevivido durante más de cuatro décadas.

Granada ha vuelto a despedir a los corredores al amanecer y el Veleta los ha recibido varias horas después. Entre ambos extremos han quedado kilómetros de esfuerzo, compañerismo, sufrimiento y superación. Una vez más, la carretera ha conducido a los participantes hasta ese lugar en el que el paisaje se vuelve mineral, el oxígeno comienza a escasear y la meta parece encontrarse, literalmente, junto al cielo.

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